Deleuze, Gil

Célebre sofistas francés (de casta le viene al galgo) y malandrín metafísico, cuyo repertorio metafórico —fluir, devenir, intensidad— recuerda menos a la ontología que a efluvios mal controlados: todo rezuma, todo gotea, nada se contiene. La metáfora chochogenérica sustituye al concepto.

El «fluir» deleuziano no aclara, empapa; el «devenir» no transforma, mancha. Filosofía de secreciones: no fija, no delimita, no distingue. Ideal para justificar el chochogenerismo y el mariconismo, así como todos los disparates que este malandrín defendió en vida.

Profesor de despacho y héroe de seminario, este infeliz pasó la vida hablando de fuerzas, potencias e intensidades sin ton ni son y sin saber en realidad de qué hablaba. Le gustaba el cine y leer libros, pero su escaso entendimiento no era capaz de comprender, así que inventaba interpretaciones disparatadas.

Se suicidó en 1995, tarde, teniendo en cuenta todo el mal que había sembrado y que estaba por venir. Aún así hay que celebrar que por fin se detuvo el flujo. Un silencio tardío y saludable, que sin embargo no cesó el chorreo, porque tras su fenecimiento y hasta la actualidad, todo atolondrado con poco seso que pisa un aula de la facultad de filosofía se deja embriagar por su humo pestilente. Un peligro para la inteligencia.